Libros: Modos de ver, John Berger

Después de una pequeña ausencia estival volvemos con los libros, lecturas y reseñas. Lo último viene de la mano de John Berger con su obra Modos de ver (Editorial GGili, 2010), libro escrito a raíz de un programa sobre arte con el mismo que realizó para la BBC en 1972.

John Peter Berger (Londres, 1926) es pintor, crítico de arte y escritor. Mantuvo contacto con el arte desde su juventud. Estudió en la Central School of Art (una de las dos escuelas que formarían la Central Saint Martins en 1989) y en la Escuela de Arte de Chelsea. Inició su carrera como pintor y profesor de dibujo. Paralelamente, sobretodo durante la década de los cincuenta, produjo gran cantidad de críticas para el revista New Statesman donde se definió su carácter como crítico de arte marxista. Asimismo escribió para el periódico Tribune que tenía a George Orwell como editor en aquel momento.

Polémico autor (más si cabe tratándose de Inglaterra) apoyó el realismo pictórico, en sintonía con sus ideas políticas. A partir de los años sesenta fue abandonando la crítica de arte y la pintura para entrar en el campo de la novela y el ensayo. Ha producido una enorme cantidad de escritos, tanto novelas como ensayos y artículos periodísticos, algo comprensible para alguien que entiende la escritura como medio de lucha política.

Incomprendido e incómodo, Berger emigró hacia un pueblo de los Alpes franceses desde donde sigue trabajando hasta el día de hoy. Algunas de sus obras más destacadas son su primera novela Un pintor de nuestro tiempo, su trilogía sobre el campesinado europeo De sus fatigas, o su novela G, ganadora del premio Booker. A su vez Modos de ver se ha convertido en un libro académico fundamental para aproximarse y cuestionar el arte.

El libro se trató de un encargado para ser producido en un corto período de tiempo, contó con la ayuda y colaboración de Sven Blomerg, Chris Fox, Michael Dibb y Richard Hollis. (Aquí puedes ver la maqueta original diseñada por Hollis, la versión castellana ha conservado la diagramación original.)

Las relaciones establecidas entre el espectador y la obra de arte son el centro de atención. Se trata de un comentario y crítica del arte tradicional occidental, poniéndo especial énfasis en su relación con la explotación política, económica y sexual. La temática propuesta se desarrolla a lo largo de siete ensayos, cuatro de los cuales combinan texto e imagen mientras los tres restantes son puramente visuales. El orden de lectura de los ensayos queda a juicio del lector.

Cuatro son las temas principales de las que trata: el cambio paradigmático del arte que supone la posibilidad de reproducir las obras por múltiples medios; la mujer como objeto en la representación pictórica; la pintura europea al óleo y su íntima relación con la propiedad privada; y la continuación de esos valores de la pintura al óleo en la publicidad actual. Una breve nota inicial al lector nos recuerda que los ensayos tratan tan solo algunos aspectos de los temas y que el propósito último o total es iniciar un proceso de averiguación.

El primer ensayo trata algunos de los temas a partir del ensayo de Walter Benjamin La obra de arte en la época de la reproducción técnica. ¿A quién pertenece la significación del arte del pasado? ¿qué nos esperamos de una obra de arte cuando la contemplamos? Nuestra percepción de las obras actuales está influenciada por hipótesis y prejuicios (para nada neutrales) que hemos adquirido previamente. Existe un distanciamiento espacio-temporal entre el momento de creación y el de contemplación de una obra y nuestros juicios a menudo no se corresponden con la realidad. De ahí que muchas hipótesis no aclaren el arte sino lo mistifican, haciéndolo incomprensible y de paso haciendo incomprensible nuestro pasado. Se justifica así, retrospectivamente, el papel de las clases dirigentes en el pasado.

De aquí se pasa a ver la relación existente entre pasado y presente de las obras de arte, con especial énfasis puesto en la capacidad de reproducción técnica de la obra. La unicidad de la obra, característica esencial hasta la llegada de la fotografía y posteriormente el cine, se ve rota. Y ¿cómo responden los elitistas ante esta pérdida de poder? Desplazando mediante el uso de la nostalgia la importancia del qué dice al que es una obra de arte. Lo importante ahora es que el cuadro sea original, basta con ver las disputas en éste campo de múltiples museos… He ahí el motivo de que el valor de las obras de arte se mida por la rareza de ellas en el mercado: del poder tener una obra de arte, a tener la original y certificada.

Dicho esto Berger sugiere una mirada al horizonte que plantee nuevas posibilidades y usos del arte que nos permita situarnos en la historia y, por tanto ser más libres.

El segundo capítulo está dedicado a la representación pictórica de la mujer en el arte occidental. Tratada como objeto visual, representada la mayoría de las veces para el goce o la reafirmación de poder de un espectador-varón. Género claramente predominante en los desnudos, que Berger analiza con la minuciosidad de un cirujano: la postura orientada siempre al espectador, actitud sumisa, despojo de todo rasgo que suponga la presencia de deseos propios (como la ausencia de bello púbico que denotaba deseo sexual), etc.

Pero también distingue entre desnudo y desnudez, y argumenta las diferencias existentes entre estas dos formas de acercarse (o alejarse) al representado.

El autor recorre la imagen, valores y actitudes atribuídos a la mujer desde el pasaje bíblico de la expulsión del jardín del Eden hasta la representación actual de ésta en los medios de comunicación para llegar a una conclusión: que ,a excepción de algunos artistas modernos, pocas han sido las ocasiones en las que estos valores han cambiado. Actualidad incluída.

El tercer esayo escrito versa entorno a la pintura al óleo y la propiedad privada. ¿Qué carga ideológica tiene la pintura al óleo Europea (1500-1900)? Basándose en algunos análisis de Levi Strauss, Berger afirma que hay una conexión crucial entre el desarrollo de este tipo de arte y el contexto económico: la acumulación de riqueza y el desarrollo del capitalismo.

Un aspecto es clave: lo representado es tan real, tan tangible, que evoca a la posesión de lo representado, de ahí el auge y enorme expansión de éste tipo de pintura en un momento de crecimiento de la burguesía. Un ejemplo más de cómo el arte se pone al servicio e intereses de la élite.

Los temas retratados y sus protagonistas son examinados minuciosamente, estableciendo punto por punto la relación que hay entre propiedad y arte para acabar analizando la diferencia entre obras de arte medias y excepcionales, y la relación generada ente ellas.

El cuarto ensayo analiza la publicidad como sistema filosófico y político. En cómo ésta hereda algunos valores de la pintura al óleo, utiliza el arte para sus fines (riqueza, espiritualidad…) y celebra la propiedad privada engrandeciendo el consumo. A diferencia de la pintura, la publicidad no celebra lo que se tiene sino genera la sensación de insatisfacción en el autor. No con el modo de vida de la sociedad, sino con el suyo dentro de esa sociedad. El glamour y la fascinación se hacen imprescindibles para la generación de envidia social que, en último termino, sostiene todo el sistema.

Los otros tres capítulos restantes son puramente visuales que complementan a los textos expuestos a lo largo del libro generando nuevas lecturas. Aquí dejamos algunas imágenes.

Un libro, en definitiva, bastante revelador con una lectura que genera más preguntas que respuestas. Tal y como se lo propuso el autor.

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